Aprendiendo de los cuentos de hadas

Aprendiendo de los cuentos de hadas

Traducción del artículo Learning from fairy tales, publicado bajo el pseudónimo de progressiveteacher81 (Las negritas, cursivas y enlaces son míos) Nota del editor: Progressiveteacher81 es el pseudónimo de un maestro de segundo año de la escuela elemental en Manhattan. El día de la vuelta al cole después de las vacaciones de Navidad, me preguntaba qué tarea les pondría a mis alumnos de Primero y Segundo y me decidí, dos minutos antes de llegar, por los cuentos de hadas. Algunos niños parecían particularmente interesados en estas historias y toda la clase tuvo que trabajar en el debate y la narración del argumento. El éxito fue inmediato. Los estudiantes adoraban explorar las historias. Yo me divertí leyéndolas. Además, los estudiantes empezaron a comprender la difícil tarea de resumir y rápidamente comenzaron a escribir sus propios cuentos. El proyecto pronto se convirtió en algo mucho más profundo. La profesora de arte y yo …

Traducción del artículo Learning from fairy tales, publicado bajo el pseudónimo de progressiveteacher81 (Las negritas, cursivas y enlaces son míos)

[Nota del editor: Progressiveteacher81 es el pseudónimo de un maestro de segundo año de la escuela elemental en Manhattan.]

El día de la vuelta al cole después de las vacaciones de Navidad, me preguntaba qué tarea les pondría a mis alumnos de Primero y Segundo y me decidí, dos minutos antes de llegar, por los cuentos de hadas. Algunos niños parecían particularmente interesados en estas historias y toda la clase tuvo que trabajar en el debate y la narración del argumento. El éxito fue inmediato. Los estudiantes adoraban explorar las historias. Yo me divertí leyéndolas. Además, los estudiantes empezaron a comprender la difícil tarea de resumir y rápidamente comenzaron a escribir sus propios cuentos.

El proyecto pronto se convirtió en algo mucho más profundo. La profesora de arte y yo habíamos estado buscando algo en lo que colaborar e, inmediatamente, ella sugirió que hiciéramos títeres. Elegimos cinco historias con cuatro personajes para que cada grupo de trabajo hiciera las marionetas y escribiera una historia para representarla con ellas.

Para sumergir a los chicos en las historias, empecé a leer una versión tras otra de cada cuento. Decidimos empezar con las tradicionales y, cuando fuera posible, encontrar una adaptación moderna y cambiada. Hablamos de los adjetivos: el “lobo grande y malo” contra los “cerditos pequeños”. Los niños consideraron el hecho de que todo lo “grande” fuera malo o lo “pequeño” fuera bueno.

Hablamos de la localización. ¿Dónde ubicarías un Cuento de Hadas de nueva York? “En un callejón”, dijo un niño. “Ésos son los sitios que dan más miedo”. Consideramos las perspectivas: leyendo los cuentos desde el punto de vista del lobo, discutiendo sobre si uno podría éticamente comerse al Hombrecito de Pan de Jengibre. Nos dimos cuenta de que, a menudo, los personajes buenos son un poco necios. ¿Por qué ibas a construir una casa de paja pudiendo construirla de ladrillo? Cuanto más leíamos, más nos dábamos cuenta de que los personajes femeninos adultos eran, casi siempre, perversos. Bella señaló “no estoy muy segura acerca de eso, pero me he dado cuenta de algo gracioso. Las mujeres normalmente son avaras. No es justo. Yo soy una chica, y están todas las chicas de la clase. No somos perversas y no seremos avaras de mayores.”

Entonces empecé con los cuentos de otras culturas. Inmediatamente, los niños captaron los sutiles mensajes, más positivos y generosos de las historias del Nativo Americano Trickster de Gerald McDermott. Entonces, después de haber leído el cuento occidental, “El Pez Mágico“, en el que la esposa del pescador pide más y más hasta que lo pierde todo, los niños se rebelaron. “No debió haber sido tan tacaña, pero no debió haberlo perdido todo”, dijo Ellie. “No es justo que la castiguen así”.

“¿Qué os está intentando enseñar este cuento?”, pregunté a la clase. “A no ser avaricioso”, contestaron. “¿Funciona?”, pregunté. “No”, aseguró Elias, “te dice todo lo que no deberías hacer y terminas la historia pensando en lo que no deberías hacer en vez de pensar en lo que sí deberías. Así es más probable que hagas lo incorrecto”. Es más, en general coincidieron en que te deja un mal sentimiento, de enojo.

En cambio, a la clase le encantó el “Peach Boy” de Gail Sakurai, una adaptación del cuento japonés que enseña generosidad a través del ejemplo positivo. De inmediato conectaron los dos cuentos. “Es que en Peach Boy aprendes a ser bueno y generoso porque él lo es”, nos compartió Shana. “Y es por eso”, anuncié triunfalmente, “que cuando establecemos las normas al comienzo del año, os las hago enunciar en positivo y procuro enfocarme en lo que deberíais hacer -ser amables, caminar por los pasillos, estar en silencio para que vuestros compañeros puedan leer”. He estado diciendo esto todo el año pero, finalmente, asintieron mostrando comprensión.

Después de esto, aunque todavía disfrutaba leyendo y escuchando cuentos occidentales, la clase era cada vez más crítica con su naturaleza punitiva y violenta. Reescribieron los cuentos de hadas una y otra vez en clase – a menudo cambiando sustancialmente el mensaje. En la versión de Elías de “How Fishman got the Sun”, dos personajes que siempre peleaban deciden, al final, trabajar juntos. Los Tres Cerditos de Leora discutieron con el lobo sobre si en realidad deberían pelear o no.

Ahora, tres meses después, los títeres están casi terminados, a falta de los últimos retoques – una gorra de béisbol para uno de los cerditos, una boca para Ricitos de Oro. Los guiones han sido escritos y llevados a casa con instrucciones de leerlos alto y claro. La fecha para la representación ya está decidida y las invitaciones enviadas.

Pero el trabajo de los niños va más allá de un espectáculo de marionetas. Han tenido la oportunidad de aprender y reescribir poderosas historias occidentales europeas: la herencia de la cultura en la que vivimos. Han creado sus propias versiones: añadiendo señores avaros, mejores roles femeninos y, a menudo, finales alternativos – Caperucita Roja termina más como nuestros días lectivos, con los personajes principales sentándose a merendar. Es más, los niños parecen haber interiorizado algún sentimiento de que ninguna de estas historias tiene el tipo de verdad definitiva que yo dí por hecho cuando era pequeño. Como los niños concluyeron su versión de Caperucita Roja: “Fin. No. No el fin del mundo. Sólo el fin de esta historia”. Han reivindicado su derecho de revisión.

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