De expertos, titulitis e intervencionismo

De expertos, titulitis e intervencionismo

22/08/2013

Cuando inventen el Nobel de Creatividad se lo van a dar a algunos políticos españoles, no me cabe la menor duda. En Madrid, por ejemplo, tenemos a auténticos lumbreras ordenando nuestras vidas. Bendita sea la democracia representativa. Hace un par de años tuvieron la brillante idea de poner multas de hasta 750 euros a quienes hurgaran la basura. No tengo muy claro si la estrategia pretendía ser disuasoria o recaudatoria pero dudo que en cualquiera de los dos casos tuviera mucho éxito. Cuando uno se ve en la necesidad de hurgar en la basura es muy poco probable que disponga de esa cantidad de dinero para hacer frente a la multa. Probablemente le importe muy poco que le multen. También hay quien no hurga por necesidad sino por afición. Conozco a muchas personas que han restaurado y reutilizado muebles y objetos de lo más variado que otras personas habían decidido …

Cuando inventen el Nobel de
Creatividad se lo van a dar a algunos políticos españoles, no me cabe la menor
duda. En Madrid, por ejemplo, tenemos a auténticos lumbreras ordenando nuestras
vidas. Bendita sea la democracia representativa. Hace un par de años tuvieron
la brillante idea de poner multas de hasta 750 euros a quienes hurgaran la
basura. No tengo muy claro si la estrategia pretendía ser disuasoria o
recaudatoria pero dudo que en cualquiera de los dos casos tuviera mucho éxito.
Cuando uno se ve en la necesidad de hurgar en la basura es muy poco probable
que disponga de esa cantidad de dinero para hacer frente a la multa.
Probablemente le importe muy poco que le multen. También hay quien no hurga por
necesidad sino por afición. Conozco a muchas personas que han restaurado y
reutilizado muebles y objetos de lo más variado que otras personas habían
decidido desechar.
La última ocurrencia de que tengo
noticia se ha conocido esta misma semana y se prevé que entre en vigor el
próximo mes de octubre. (Por favor, no siga leyendo si está usted en la oficina
o en una biblioteca, pues es muy probable que lo que viene a continuación le
arranque una carcajada). Leo en La Vanguardia: “El Ayuntamiento de Madrid
convocará el próximo mes de octubre las “pruebas de idoneidad” que deberán
superar los músicos para tocar en las calles y plazas del distrito Centro (…) A
falta de cerrar el texto, la prueba de idoneidad, que incluirá una audición y
la presentación de un currículum, pretende fundamentalmente conocer qué tipo de
espectáculo desarrolla el aspirante a la autorización. (…) La Junta quiere
comprobar que se trata de una actividad musical «real» y no de una
forma cualquiera de obtener unas monedas.”
Esta gente no sabe que uno
difícilmente sobrevive tocando en la calle si no tiene un mínimo talento. Y
aunque no lo tuvieran, si hay gente dispuesta a darles dinero, están en su
derecho de hacerlo, que para eso es suyo (al menos el 40% que les queda después
de pasar por la caja estatal). Incluso si quieren darle dinero a alguien que no
está tocando ningún instrumento, también pueden hacerlo. Se llama altruismo,
caridad, compasión. Y egoísmo, claro, porque el altruista en el fondo lo que
busca es sentirse bien consigo mismo y lo consigue cuando sabe que ha hecho
algo por alguien.
No quiero ni pensar en quiénes
serán esos “expertos” encargados de hacer las audiciones a los aspirantes a
músico callejero. Recuerdo al editor que rechazó el manuscrito de “El
Alquimista” de Paulo Coelho. “Fue un baño de humildad”, me dijo. Y espero que a
estos les pase lo mismo, que sean capaces de reconocer que ellos no son nadie
para juzgar a nadie, porque al músico callejero quien lo juzga es la calle, la
gente que pasa por su lado y decide darles o no dinero, sonreírles o mirarles
mal o ignorarles.
Muchas personas han sido parte
activa y fundamental en el progreso de la humanidad precisamente porque se
alejaron de las normas establecidas o porque experimentando en campos ajenos
hicieron descubrimientos importantes. Con ordenanzas como éstas no habríamos
llegado muy lejos.
John Caldwell Holt decía que
quien posee un certificado de capacitación pedagógica no está capacitado para
enseñar. Probablemente tenía razón y probablemente su tesis se puede extrapolar
a muchos otros ámbitos. No hay nada más peligroso que colgarse la etiqueta de
“experto”, sobre todo si se la adjudica uno mismo.

© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

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