Lactando a escondidas

Lactando a escondidas

19/09/2013

Cualquier cría de cualquier animal mamífero se alimenta de la leche de su madre. Cualquier cría de cualquier animal mamífero se alimenta cuando lo necesita, sin importar la hora que sea ni dónde esté. Cualquiera menos la cría humana del primer mundo. La leche materna es el mejor alimento que se le puede dar a un hijo y la lactancia es saludable tanto para el niño como para la madre. A pesar de ello, algunas mujeres deciden utilizar leche artificial, a veces por falta de información, a veces sólo por su propia comodidad, a veces incluso por una ideología feminista mal entendida: por un reparto “equitativo” de las “tareas”. Como si la alimentación de los hijos fuese una tarea comparable a la colada y como si el concepto de igualdad pudiera extenderse más allá de las desigualdades biológicas, naturales y deseables que han permitido la perpetuación de la especie. Hemos …

Cualquier cría de cualquier
animal mamífero se alimenta de la leche de su madre. Cualquier cría de
cualquier animal mamífero se alimenta cuando lo necesita, sin importar la hora
que sea ni dónde esté. Cualquiera menos la cría humana del primer mundo. La
leche materna es el mejor alimento que se le puede dar a un hijo y la lactancia
es saludable tanto para el niño como para la madre. A pesar de ello, algunas
mujeres deciden utilizar leche artificial, a veces por falta de información, a
veces sólo por su propia comodidad, a veces incluso por una ideología feminista
mal entendida: por un reparto “equitativo” de las “tareas”. Como si la
alimentación de los hijos fuese una tarea comparable a la colada y como si el
concepto de igualdad pudiera extenderse más allá de las desigualdades
biológicas, naturales y deseables que han permitido la perpetuación de la
especie.
Hemos llegado a un límite
preocupante en el que la madre que opta por la lactancia artificial es vista
con absoluta normalidad a costa de que la madre que opta por la lactancia
materna sea vista como una retrógrada y se la condene a una suerte de
ostracismo, exigiéndole que se recluya para alimentar a sus hijos o que, al
menos, tenga la supuesta decencia de cubrir su pecho y la cabeza del niño. Porque
podemos ver pechos en la tele (¡a cualquier hora del día o de la noche!),
podemos ver pechos en las portadas de las revistas y podemos ver pechos en la
playa, pero una teta lactante es una obscenidad. También podemos ver a niños
comiendo papillas artificiales, bebiendo refrescos azucarados y devorando
chuches de extraños colores. Pero si su alimento es la leche materna, entonces
nos ofendemos y le pedimos a la madre que se retire. Sucedió en el MuseoThyssen, sin ir más lejos, cuando impidieron a una madre el acceso a las salas
amamantando a su hijo. Se organizó una tetada frente al museo y se remitió una
carta a la dirección, que contestó educadamente y aclaró que su normativa no
impide la lactancia, que fue un error de un trabajador que se debía haber
limitado a indicarle que, si quería, podía hacer uso de las salas de lactancia.
A veces es peor; a veces no hay salas de lactancia y te mandan al baño a
lactar. No creo que te mandaran a merendar al baño si fueras a comerte un
bocadillo. Y aunque haya salas y sean bonitas, limpias y agradables (cosa que
no siempre sucede) no todas las madres quieren retirarse del mundanal ruido
para amamantar.
Aún queda esperanza porque cada
vez son más las mujeres que se animan a denunciar estos abusos y a hacer valer
su derecho (y su obligación) a alimentar a sus hijos cuando y donde sea
necesario. A veces en un bar, en una tienda, en un museo o en cualquier otro
lugar, una madre lactante es acosada y reprendida, pero cada vez es más frecuente
que esa madre se defienda. Lo triste es que tengamos que esgrimir argumentos
científicos, que tengamos que justificar las bondades de la lactancia materna,
que tengamos que tener siempre en mente los datos oficiales de entidades como
la Organización Mundial de la Salud y similares, que haya que organizar
campañas a favor de la lactancia materna y, no ya tratar de convencer a otras
de que esto es realmente lo mejor, sino simplemente intentar sobrevivir al
acoso social al que se nos somete. 
© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

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