Recordar a Valín es sonreír

Recordar a Valín es sonreír

16/10/2019

Un artículo de Toni Mascaró en memoria de su amigo Jorge Valín.

Recordar a Valín es sonreír.

«¡Se nos ha colado un puñetero matematicista!» pensé la primera vez que conversé con él en persona. Era un chaval con coleta que hablaba de las ondas de Elliott. Pero eso no era a lo que había venido, dijo. Ah, bueno.

Desde ese día, solíamos quedar a medio camino de nuestras casas. Hablábamos de libros que nos habían gustado. El primero que él me recomendó fue The Market for Liberty de los Tannehill, que años más tarde citó en su propio libro El Gobierno es el Problema. El último que yo le recomendé fue Lever Action de L. Neil Smith.

Hablábamos siempre de cómo ir de A a B. Hacía poco que yo había participado en el proyecto de Laissez Faire City y parecía que proyectos similares estaban empezando. A él le repateaba que todo esto quedase solamente en tertulias entre amigos. Y se quejaba sonriendo. Cada dos por tres, me decía que se había puesto en contacto con tal o cual grupo. Que si cazadores por el tema de portar armas, que si impuestos… Varias veces contactó con organizaciones favorables a la libertad educativa. Curiosamente, años después, mi hermana Laura se metió de lleno en ese asunto.

Otras veces, quedábamos en un pub con J. M. Guardia y más gente. Éramos muy pocos.

Hablar de Valín es hablar de libertad y entusiasmo.

Las ideas de la libertad son un rollo patatero insufrible para la práctica totalidad de la Humanidad. Cuando un entrevistador radiofónico presentó al infatigable divulgador Tom Woods en su programa, dijo alegremente que del último libro de Woods se habían vendido muchos millones de copias. Woods, medio agobiado, le tuvo que corregir: el libro había conseguido alcanzar unas pocas docenas de miles. ¡No puede ser, pero si estás en lo más alto de los más vendidos! Ya, de los más vendidos… de este tema.

La muchedumbre consigue zafarse de los efectos de la libertad gracias a los esfuerzos denodados de políticos y burócratas, ignorando olímpicamente las advertencias de una minoría muy analítica. Estos dos tipos de personas suelen ser como el agua y el aceite.

Valín, obviamente, no formaba parte de ninguno de estos dos grupos. El caso es que existe un tercer tipo. Son los que ni huyen de la libertad ni tratan de llegar a ella por silogismos. La llevan dentro; es su forma de ser.

Muchos pueden permitirse la vanidad de creerse parte de este tercer tipo. Se lo pueden permitir porque no han conocido a gente como Valín. Lo cual no tiene nada de sorprendente; la gente como Valín es excepcional.

Descansa en pau, amic meu!

© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

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