Cómo hacer que un niño se esté quieto en una silla, por Anca Balaj

Cómo hacer que un niño se esté quieto en una silla, por Anca Balaj

Anca Balaj trabaja con niños en el campo de la educación no formal desde hace más de veinte años. Autora de «Cómo desarrollar la creatividad infantil» y del blog «Creatividad ¿quién dijo miedo?» (creatividad.ancabalaj.com). Puedes seguirla a través de twitter.com/aminuscula   Hace unos meses, en una formación para formadores, estaba dando pautas sobre cómo resolver distintas cuestiones que se pueden presentar en el trato con los niños en el aula. Eran mis mejores trucos tras décadas de trabajo con toda clase de niños, esos trucos que nadie te enseña en la Universidad. Una de las asistentes, al ver que tengo tantas respuestas, me preguntó entonces: «¿Y cómo se puede conseguir que el niño se esté quieto en la silla, sin removerse tanto mientras trabaja?»  La respuesta a esta pregunta es la misma que a la de cómo hacer que un elefante ponga huevos: no se puede. No está en su naturaleza. …

Anca Balaj trabaja con niños en el campo de la educación no formal
desde hace más de veinte años. Autora de «Cómo desarrollar la creatividad infantil» y del blog «Creatividad ¿quién dijo miedo?» (creatividad.ancabalaj.com). Puedes seguirla a través de twitter.com/aminuscula
 

Hace
unos meses, en una formación para formadores, estaba dando pautas sobre cómo
resolver distintas cuestiones que se pueden presentar en el trato con los niños
en el aula. Eran mis mejores trucos tras décadas de trabajo con toda clase de
niños, esos trucos que nadie te enseña en la Universidad. Una de las
asistentes, al ver que tengo tantas respuestas, me preguntó entonces: «¿Y
cómo se puede conseguir que el niño se esté quieto en la silla, sin removerse
tanto mientras trabaja?» 
La
respuesta a esta pregunta es la misma que a la de cómo hacer que un elefante
ponga huevos: no se puede. No está en su naturaleza. La naturaleza de un niño o
niña es saltar, correr, brincar, gritar, explorar, pero, desde luego, no es
estarse quieto en una silla. 
Sin
embargo, como entrenadora de la creatividad el «no se puede» es algo
inaceptable, así que me imagino que si alguien se empeñara podría hacer que un
elefante pusiera huevos tras muchos años de estudio y manipulación genética,
cosas más difíciles se han conseguido. Del mismo modo, a los niños se les
podría hacer estarse quietos en una silla, quizás con pastillas y drogas (tal
como hacen con los niños y niñas diagnosticados con hiperactividad, por no
saber estarse quietos en una silla).
La
cuestión es que, se pueda o no se pueda, esto es lo que hacen los niños la
mayor parte del día: de 9h a 17h en el colegio, quietecitos y calladitos en sus
pupitres, luego en casa otro rato más, sentados con los deberes
(«deberes», qué nombre tan feo y poco estimulante). Como poco les dan
las 18.30h en una silla, algunos tardan más. Y luego quietecitos frente a la
tele (o el ordenador, o lo que sea, pero ¡por favor, niño, para ya!) porque los
papás y mamás están cansados.
Veámoslo
de este modo: si en vez de un niño fuera un cachorro de perro o gato ¿cómo
denominaríamos a quienes lo tuvieran quieto en una silla y sin rechistar
durante tantas horas, cada día de su vida? ¿Se podría denunciar a esa persona? 
Pues
eso es lo que estamos haciendo con nuestros propios cachorros, justo lo que nos
parece cruel para cachorros de otras especies. Les negamos su naturaleza, les
obligamos a contener su energía y después nos quejamos de que el niño está
nervioso, de que tiene déficit de atención o de que no tiene un buen
rendimiento escolar. 
En
mi opinión, este es el primer punto que hay que cambiar del sistema educativo
actual. Si implantamos una manera de enseñar sin obligar a los pequeños a que
se estén quietos en una silla, habremos avanzado mucho. Ningún ser, humano o no
humano, puede desarrollarse ni alcanzar siquiera la mitad de su potencial
cuando tiene que actuar en contra de su propia naturaleza.
De
todos modos, aquí va un truco. Para conseguir que un niño o una niña se esté
quieto en una silla (por un tiempo muy limitado, jamás por todo un día), lo
mejor es ir acorde a su naturaleza. Basta con prestarle atención, descubrir qué
le apasiona a este niño en particular y proporcionarle los materiales y medios
para que experimente con ellos en esta cuestión que tanto le interesa. Su
inteligencia y su curiosidad harán el resto.

 

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Lee también la reseña del libro «Cómo desarrollar la creatividad infantil» de Anca Balaj

Esta entrada aparece primero en Tarkus Kids

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