El primer paso hacia el unschooling: desescolarizar a los padres

El primer paso hacia el unschooling: desescolarizar a los padres

La desescolarización empieza en los padres

El primer paso hacia el unschooling: desescolarizar a los padres
por Lehla Eldridge

 

“Déjame vivir mi vida” dijo ayer mi hijo mientras intentaba enseñarle a seguir las instrucciones de una receta. Estaba furioso. Él quería cocinar, yo quería ayudarle a cocinar. Él quería hacer galletas, yo quería hacerle seguir una receta. Él no quería. Alcanzamos un punto muerto.

“Déjame vivir mi vida y déjame aprender como quiero aprender.”

Me encontré atrapada en ese momento, atrapada entre mi doble yo, la que dice en mi cabeza: “pero estropearás las galletas, es cuestión de química, la razón por la que sigo recetas es porque hay algunas cosas que no puedes suponer porque serán un fracaso… he escrito un libro de cocina, ¡sé de lo que hablo!”

Entonces me acordé de Heston Blumenthal…

No sé mucho de él aparte de que es un chef muy creativo. ¿Y si alguien hubiera tomado medidas drásticas contra él y su forma de cocinar cuando era pequeño? Él inventa cosas, es muy creativo con la comida. Leyendo su perfil en Wikipedia, parece que básicamente aprendió solo y que su gran momento de inspiración llegó cuando decidió “cuestionárselo todo”, que es precisamente lo que está haciendo mi hijo. También es de lo que hablan estas maravillosas mujeres en esta entrevista sobre ser un padre unschooler.

Así que me doy una palmadita en la espalda mientras se revoluciona mi pensamiento y mi emoción. La cara de Heston me vino a la mente mientras mi hijo hundía la suya en una almohada porque estaba más que harto de su madre. Pensé. Mi hijo tiene razón. Replantéatelo, Lehla. Deja que tu hijo lleve la voz cantante y retoma la repostería.

Necesitábamos algunas cosas y fuimos a la tienda. Mientras caminábamos por el pasillo, dijo: “llevemos extracto de vainilla y naranja”. “¿En serio” – dije – “¿junto?” Y entonces dije: “oh, sí, llevémoslo. ¡Haré lo que hace papá y diré que sí!”. Dije que sí y también cogimos algo de chocolate, mantequilla, huevos, etc. Lo demás ya lo teníamos en casa, siendo “lo demás” cacahuetes salados, harina sin gluten, leche, un huevo y azúcar.

Dijo: “puedes hacerlo conmigo”. Y contesté: “de acuerdo, pero me cuesta mucho no llevar la voz cantante”. “No te preocupes”, me dijo.

Había hecho una bola con la tableta de chocolate, le había añadido harina, leche, el bote entero de extracto de vainilla y la mitad del de naranja. Entonces me pidió los cacahuetes salados. Los trituré, los añadí y me dijo: “¡no te pedí que los triturases y los mezclaras!”. “No puedo evitarlo” – le dije – “tengo que apartarme, me pongo en piloto automático y realmente me cuesta no tomar la inciativa”.

“Ok” – dijo.

Pregunté: “¿Puedo engrasar la bandeja?”

“Sí”, contestó.

Moldeamos la masa, la aplastamos e hicimos galletas llanas. Le dije que si te pones harina en las manos la masa no se te pega y así lo hicimos.

La cocina se llenó de aroma a pastelería francesa. Estaban deliciosas. Esas galletas estaban deliciosas.

Esta historia podría haber sido diferente pero para mi supuso mucha energía, un gran esfuerzo para no tomar la iniciativa, porque lo hice incluso después de haber decidido mantenerme al margen.

Calibrar cuándo estoy siendo útil y cuándo no es todo un arte.

Tengo mi propia forma de hacer las cosas y a través de mis hijos estoy aprendiendo a desaprender y me doy cuenta, igual que Heston, de que en el unschooling he de “cuestionarlo todo”, ¡especialmente a mi misma!

© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies