Educar sin escuela – Artículo en la revista OGE

Educar sin escuela – Artículo en la revista OGE

Artículo publicado en la revista OGE del Forum Europeo de Administradores de la Educación. Número CXXIX. Enero-Febrero 2018. (2ª parte)

LOS HOMESCHOOLERS NO ESTÁN EN CONTRA DE LA ESCUELA

He dado muchas conferencias sobre educación sin escuela. Puedo explicar por qué lo hacemos, puedo desmontar los mitos más comunes, como la supuesta falta de socialización, la posible falta de capacidad de los padres o la situación legal en España. Pero, al final, siempre hay alguien que pregunta: “Pero tú te levantas por la mañana y ¿qué haces?” Estamos tan escolarizados (mentalmente) que algunas personas son incapaces de imaginar cómo es la vida sin escuela. Otros se ponen a la defensiva y nos acusan de pretender acabar con el sistema y mandar a los profesores al paro. En realidad, muchos de los padres que educan en casa son profesores. Si hablamos de “víctimas”, creo que los profesores son los primeros perjudicados porque muchas veces se ven obligados a convertirse en cómplices de un sistema del que conocen casi todos los defectos. Pero, además, la mayoría de los padres homeschoolers no están en contra de la escuela. Son críticos con ella, por supuesto. Si les pareciera maravillosa no educarían en casa. Algunos desearían que hubiera un cambio profundo en el sistema escolar para poder llevar a sus hijos. Los educadores y las víctimas, según la taxonomía propuesta por la Dra. Goiria a menudo eligen el homeschooling como último recurso, cuando ya lo han intentado todo y nada ha funcionado. Cuando ni profesores, ni centros, ni administraciones han sido capaces de dar respuesta a sus necesidades o de solventar sus problemas. Otros, en cambio, no volveríamos a la escuela ni aunque existiera el sistema perfecto. Eso no significa que estemos en contra de la escuela y que queramos verla desaparecer. Significa, sencillamente, que el homeschooling funciona bien para nuestra familia y que, de forma libre y consciente, elegimos esa opción y descartamos todas las demás. Del mismo modo que elegir la escuela pública no significa necesariamente estar en contra de la privada, elegir la educación en casa no significa necesariamente estar en contra de la educación en escuelas.

Cuando le preguntas a un niño homeschooler qué le parece la idea de ir a la escuela, a menudo responde que, si fuera a la escuela, no tendría tiempo para todo lo que hace o, incluso, que no tendría tiempo para estar con sus amigos. ¿Por qué? Porque los homeschoolers suelen tener una vida rica en experiencias y también en relaciones. Lo que significa que tienen una vida repleta de aprendizajes: aprenden cosas que están en los libros de texto y cosas que no están en los libros ni en el currículum oficial; aprenden a gestionar su propio tiempo y a coordinar sus necesidades y sus deseos con las necesidades y los deseos de otras personas; aprenden a relacionarse con personas de diferentes edades y caracteres. Ésta es una parte fundamental de la verdadera socialización: elegir con quién te relacionas y con quién no y, cuando no puedes elegir, decidir al menos de qué forma vas a tener esa relación. Eso es algo que no puede darse en la escuela, por definición. Por eso, cuando me preguntan por la socialización y si el hecho de no ir a la escuela no afectará al niño, respondo que sí, que le afectará y, normalmente, será para bien.

SOCIALIZAR FUERA DE LA ESCUELA

El diálogo, no obstante, es estéril si no comenzamos por definir qué es la socialización. Cuando la gente nos pregunta por este tema lo que suele tener en mente es la falta de relación con otros niños. “No tendrá amigos”, piensan. La realidad es que la socialización es mucho más que tener amigos pero, aunque sólo fuera eso, hay muchas más posibilidades fuera de la escuela que dentro de ella. No voy a contarles cómo es la socialización en las escuelas porque eso ya lo sabemos todos. Voy a contarles cómo es fuera de la escuela y, lo primero que debo decir, es que depende en gran medida del carácter y de los intereses de cada niño. Es tarea de los padres ofrecerles cuantas más oportunidades mejor de conocer a otras personas. Y digo personas y no niños porque considero que la socialización y la amistad nunca deben limitarse a los coetáneos. Nuestros hijos tienen experiencias que normalmente los escolarizados no pueden tener, por la sencilla razón de que tienen más tiempo disponible. Pueden acompañarnos a hacer gestiones y recados y observar que nos relacionamos de diferente manera con los demás en función de la situación y de las circunstancias. No le hablamos igual a nuestro vecino, que al funcionario del ayuntamiento, que al cajero del supermercado. Eso forma parte de la socialización. Como también forma parte de la socialización la relación con otros niños en el parque, en las actividades extraescolares o en las actividades de las comunidades homeschoolers.

Los padres no lo sabemos todo, ni lo pretendemos. Muchos de nosotros no somos maestros ni pedagogos. En realidad, los padres homeschoolers que sí son maestros suelen decir que para ellos es más difícil lograr hacerlo bien, que les cuesta dejar el rol de profesor y ponerse en el rol de padre homeschooler, que son distintos. En vez de ponernos en el papel del maestro lo que hacemos es convertirnos en excelentes buscadores de recursos. Por supuesto, hay familias que siguen un curriculum predeterminado, que usan materiales escolares, siguen un horario y, a veces, incluso contratan tutores privados. La mayoría no hacemos esto, entre otras cosas porque a lo primero que objetamos es al curriculum oficial. Queremos ofrecer una educación más amplia, flexible y personalizada a nuestros hijos. Por eso nuestra primera función es la de crear un entorno adecuado donde el aprendizaje pueda suceder. El “entorno” incluye tanto el espacio físico y los recursos materiales como las oportunidades de experiencias y relaciones con otras personas. Por eso son fundamentales los grupos de homeschoolers. A día de hoy, hay 70 familias activas en la comunidad a la que pertenece mi familia. Eso significa que todas las semanas hay multitud de propuestas: un taller de lengua de signos, uno de educación financiera y uno de magia son sólo algunos de los que han surgido esta semana. También significa que, cuando necesitas un recurso, es muy probable que alguien del grupo pueda ayudarte. Por ejemplo, ahora mi hijo mayor, que tiene 12 años, está preparando un examen oficial de inglés. El idioma lo ha aprendido sin academias ni profesores. Yo le he enseñado cómo hacer el examen escrito. Y en el grupo hay una madre canadiense que le va a ayudar a preparar la parte oral de la prueba. Cuando tenía 9 años y quiso fabricarse un juguete de madera le ayudó uno de los padres del grupo, que es carpintero. Otro padre nos invitó a visitar el parque de bomberos donde trabaja y una madre da talleres de matemáticas manipulativas. Hay profesiones y aficiones para todos los gustos. Cuando alguien busca algo, otro tiene la respuesta. Recomendaciones de academias de música, peticiones de clases de idiomas, propuestas de talleres de circo, teatro o cerámica, recomendaciones de libros y películas, de metodologías para aprender matemáticas o webs para aprender a leer o a programar. Las posibilidades se multiplican cuando uno deja de limitarse por lo que el curriculum oficial establezca que hay que aprender a cada edad.

EMPEZAR A SER HOMESCHOOLER

Para lograrlo, el cambio más importante a la hora de hacer la transición de la educación escolar a la educación en familia tiene que darse en los padres. Aunque no es imprescindible, porque uno siempre puede optar por hacer, literalmente, la escuela en casa. Pero sí es muy recomendable porque, al fin y al cabo, si eliges educar sin escuela es para hacer las cosas de otra manera, no para hacer lo mismo. He llamado a este proceso de transición “la desescolarización interior”, porque no tiene tanto que ver con la forma en cómo educas (si usas tal o cuál metodología, si sigues tal o cuál horario) sino en cuán capaz eres de desprenderte, mental y psicológicamente, de las estructuras escolares. Se trata de aprender a ver que el aprendizaje está en todas partes, de aprender a educar a cada niño de forma individualizada en vez de apoyarnos irreflexivamente en métodos y estrategias que fueron diseñados para llevarse a cabo en un entorno escolar, esto es, grupal.

Cuando me di cuenta de que esto era lo que realmente las familias necesitaban comprender, diseñé un taller para acompañarles en el proceso. Para mi sorpresa, resultó que empezaron a acudir padres cuyos hijos estaban escolarizados y que no tenían ninguna intención de sacarlos de la escuela. Les dije que no sabía si tenía algo que ofrecerles pero que, por supuesto, estaban invitados a quedarse. Han pasado 4 años desde ese primer taller y, ahora, el 80% de los padres que acuden a mis talleres son padres que escolarizan. Hemos descubierto que ese cambio de perspectiva ayuda a solventar o, al menos, a paliar, muchos de los problemas que los niños sufren en las escuelas.
Los homeschoolers hemos aprendido mucho de la escuela: usamos algunos de sus recursos, copiamos algunas ideas y las adaptamos al entorno de la educación en el hogar. Pero, ahora que empiezan a conocernos, también la escuela está aprendiendo de nosotros.

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