A jugar con Estivill – el prólogo

A jugar con Estivill – el prólogo

Como sabéis, la semana pasada compré el libro de Estivill “¡A jugar!”. Si os perdisteis la entrada referente al prólogo, podéis leerla aquí: http://laura.rodriguezmalo.com/?p=2387 Me reservé el final del prólogo y aquí os lo traigo; he necesitado una semana entera para llegar hasta aquí… “Sin duda, se producirán momentos de crisis en los que el niño se rebelará a través de una conducta inadecuada. En estos casos es importante no ceder a los berridos, ya que entonces el niño entenderá que éstos funcionan y reproducirá este comportamiento cada vez que desee obtener algo. Resumiendo: estaremos reforzando un mal hábito.” Tela marinera. Este hombre no tiene en gran consideración la inteligencia de los niños. Ya sabéis que no me gusta esta insistencia en catalogar los hábitos y los comportamientos en “buenos” y “malos”, “adecuados” e “inadecuados”, aunque puedo tolerarlo. Lo que me cuesta un poquito más es entender por qué da …

Como sabéis, la semana pasada compré el libro de Estivill “¡A jugar!”. Si os perdisteis la entrada referente al prólogo, podéis leerla aquí:

http://laura.rodriguezmalo.com/?p=2387

Me reservé el final del prólogo y aquí os lo traigo; he necesitado una semana entera para llegar hasta aquí…

“Sin duda, se producirán momentos de crisis en los que el niño se rebelará a través de una conducta inadecuada. En estos casos es importante no ceder a los berridos, ya que entonces el niño entenderá que éstos funcionan y reproducirá este comportamiento cada vez que desee obtener algo. Resumiendo: estaremos reforzando un mal hábito.” Tela marinera. Este hombre no tiene en gran consideración la inteligencia de los niños. Ya sabéis que no me gusta esta insistencia en catalogar los hábitos y los comportamientos en “buenos” y “malos”, “adecuados” e “inadecuados”, aunque puedo tolerarlo. Lo que me cuesta un poquito más es entender por qué da por hecho que una “conducta inadecuada” ha de consistir necesariamente en llantos. O berridos, como dice él. En realidad, en la versión original en catalán utilizar la palabra “brams” que significa, literalmente, rebuznos y que, por supuesto, suena fatal cuando se aplica a niños.

Cada vez parece estar más extendida la idea de que los niños son pequeños tiranos, chantajistas profesionales que continuamente retan a los padres. Estivill no parece ser capaz de concebir una relación paterno-filial humana, basada en el amor y el respeto mutuos. MUTUOS. En vez de eso, se empeña en retratar las relaciones entre padres e hijos como luchas de poder, como un continuo tira y afloja para ver quién puede más.

¿De verdad alguno de vosotros ignoraría a un adulto que estuviera llorando? ¿De verdad pensaríais que está solamente intentando conseguir algo de vosotros? ¿Alguien pensaría “voy a dejarle llorar para que no coja este mal hábito”? … ¿Nadie?… Entonces, ¿por qué a los niños, sí? Y más aún a vuestros propios hijos.

Si no puedes confiar en tu propia madre, difícilmente podrás confiar en otras personas. Todo esto se resume en que Estivill parte de la base de que los niños son malos. Otros, en cambio, creemos que son buenos. No os perdáis este artículo de Carlos González al respecto:

http://www.holistika.net/infancia/infancia/tu_hijo_es_una_buena_persona.asp

Pero el prólogo de marras no acaba aquí, sino que continúa:

“Una educación efectiva necesitará que más de una vez hagamos oídos sordos a los gritos, las lágrimas y las rabietas del niño, para que así aprenda que las cosas no se obtienen por estos medios.
Si mantenemos una coherencia pedagógica, estas escenas de rabia serán cada vez menos frecuentes, porque el niño habrá adquirido un canal maduro e interactivo para comunicarse con los padres.”

Es decir, que ignorar a tu hijo cuando reclama tu atención es tener una “coherencia pedagógica”. Oh, perdón, no están llamando nuestra atención, sólo están rabiosos… En lo que sí estoy de acuerdo es en que estas escenitas serán cada vez menos frecuentes si nos mantenemos firmes (pedagógicamente coherentes). Al fin y al cabo, si llamas insistentemente a una puerta y nunca te abren, ¿no terminas por dejar de llamar?

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