Ágnes o el derecho a parir en libertad

Ágnes o el derecho a parir en libertad

14/08/2013

No se trata de defender el parto en casa frente al parto hospitalario, ni de defender el parto natural frente al parto intervenido. Lo que defendemos es mucho más sencillo aunque, irónicamente, mucho más complicado de conseguir a la hora de la verdad: el parto respetado. Tener el poder de la información no sesgada y la libertad de elegir. Las mujeres cuyas elecciones se acercan más al protocolo hospitalario oficial tendrán, probablemente, el parto que han querido. Pero para las que no quieren todo eso la cosa se complica. Y se complica especialmente si quieren parir en casa. Ágnes Geréb luchó porque los hombres pudieran estar presentes en los partos de sus hijos. Después luchó porque las mujeres pudieran parir en casa. Formó a muchos profesionales de la salud e informó a muchas mujeres para que pudieran decidir con fundamento. Ayudó a poner el foco de atención sobre el excesivo …

No se trata de defender el parto
en casa frente al parto hospitalario, ni de defender el parto natural frente al
parto intervenido. Lo que defendemos es mucho más sencillo aunque,
irónicamente, mucho más complicado de conseguir a la hora de la verdad: el
parto respetado. Tener el poder de la información no sesgada y la libertad de
elegir. Las mujeres cuyas elecciones se acercan más al protocolo hospitalario
oficial tendrán, probablemente, el parto que han querido. Pero para las que no
quieren todo eso la cosa se complica. Y se complica especialmente si quieren
parir en casa.
Ágnes Geréb luchó porque los
hombres pudieran estar presentes en los partos de sus hijos. Después luchó
porque las mujeres pudieran parir en casa. Formó a muchos profesionales de la
salud e informó a muchas mujeres para que pudieran decidir con fundamento.
Ayudó a poner el foco de atención sobre el excesivo e innecesario intervencionismo
en los partos, cambió la concepción del embarazo y el parto como enfermedades y
denunció la proliferación de prácticas que suponen actos de violencia obstétrica.

Acompañó el nacimiento de más de
9000 niños en 32 años. Nueve mil. Lo hizo porque es su vocación, porque tiene
fe en las mujeres y en la libertad. Pero un bebé murió y la licencia le fue
retirada. Ella sabía cuál es su propósito en la vida y no fue capaz de ignorar
las llamadas de todas esas mujeres que le pedían que asistiera sus partos. Así
que siguió trabajando sin licencia. Entonces otro bebé murió y Agnes fue
detenida y encarcelada. No vaya a ser que ayude a nacer a otros nueve mil
niños. Tiene un doctorado en Medicina, es especialista en obstetricia, graduada
en psicología y comadrona certificada. Las mujeres quieren parir con ella. Las
que lo han hecho la adoran. Así que se han organizado y han llevado su caso al
Tribunal de Estrasburgo.

Las autoridades húngaras aplican
su doble rasero, que es ya un clásico imprescindible en cualquier estado que se
pretenda “del bienestar”. Si un bebé muere en un parto hospitalario es porque
hay cosas que son inevitables, se hizo todo lo que se pudo pero no somos
dioses. El médico no es arrestado, no se le retira la licencia y no se le
encarcela sin un juicio justo. Pero si un bebé muere en un parto en casa hay
que arrestar a la matrona, impedir a toda costa que siga trabajando. Si quien muere es la madre, entonces hay que prohibir y demonizar los partos en casa y
volver al protocolo sanitario, a la barbarie que hace que miles de mujeres se sientan
violadas en lo que debería ser uno de los momentos más poderosos de su vida.
Hay que meterles el miedo en el cuerpo para que sean ellas mismas las que
elijan el parto hospitalario e intervenido; hacerles creer que necesitan todo
ese protocolo que incluye rasurado, enema, oxitocina, inmovilización, epidural
y episiotomía para tratar de parir en la posición más cómoda para el médico y
más complicada para la madre y para el bebé. Les hacen creer que es por su
bien, por su seguridad y la de su hijo. No hay nada más fácil que inculcar el
miedo en una mujer embarazada que haría cualquier cosa por salvar la vida del
hijo que va a nacer. Por eso permitimos los abusos. Por eso permitimos que
nuestros hijos pasen sus primeras horas en este mundo en manos de los médicos y
no sobre nuestra piel. Que Ágnes siga encarcelada da la medida del nivel de
irracionalidad de este sistema perverso que calladamente alimentamos.

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