De Wert no digo nada

De Wert no digo nada

02/11/2012

Me preguntan que por qué no he publicado nada sobre el anteproyecto de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa). Que qué opino de las reformas propuestas por el PP y, ya de paso, que qué opino de Wert. Si no he publicado nada es, entre otras cosas, porque no me apetece escribir sobre este tema. Me aburre soberanamente, no les voy a engañar. De José Ignacio Wert opino lo mismo que de todos los ministros de educación: que su cargo no debería existir. Punto. De su persona no opino por qué no le conozco. Pero su cargo es de lo peor que le podría pasar a la educación de un país. De la LOMCE, sinceramente, poco puedo decir. La he leído en diagonal (ya saben, rapidito y por encima, sin entrar en detalles). De entrada, el nombre ya me parece una tomadura de pelo porque …

Me preguntan que por qué no he
publicado nada sobre el anteproyecto de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora
de la Calidad Educativa). Que qué opino de las reformas propuestas por el PP y,
ya de paso, que qué opino de Wert.
Si no he publicado nada es, entre
otras cosas, porque no me apetece escribir sobre este tema. Me aburre
soberanamente, no les voy a engañar. De José Ignacio Wert opino lo mismo que de
todos los ministros de educación: que su cargo no debería existir. Punto. De su
persona no opino por qué no le conozco. Pero su cargo es de lo peor que le
podría pasar a la educación de un país.
De la LOMCE, sinceramente, poco
puedo decir. La he leído en diagonal (ya saben, rapidito y por encima, sin
entrar en detalles). De entrada, el nombre ya me parece una tomadura de pelo
porque para “mejorar” la calidad educativa debería “haber” alguna calidad
educativa. Y no la hay. Es un texto absurdo, lo mismo que todas las leyes
anteriores de educación, que sólo contienen parches para tratar de remendar un
sistema que está resquebrajado por mil lados diferentes, que no se tiene en pie
y que ya no tiene arreglo. Casi nadie responde sinceramente y reflexivamente a
la pregunta de para qué sirve el sistema educativo o para qué querríamos que
sirviera.
Importa francamente muy poco que
junten o separen las asignaturas de ciencias sociales y de ciencias naturales,
y que las llamen así o las llamen “conocimiento del medio”, convirtiendo las
“soci” y “natus” de toda la vida en un malsonante “cono”. Importa también poco
que adoctrinen a los niños en una asignatura llamada “educación para la
ciudadanía”, “educación cívica y constitucional” o “formación del espíritu
nacional” o que los adoctrinen transversalmente, a través de todas las demás asignaturas,
como se hacía en la EGB. Que la escuela sea bilingüe, trilingüe o monolingüe,
que haya más o menos horas lectivas, que el bachillerato dure un año, o dos, o
tres, o que se pueda elegir la rama de estudio un curso antes o un curso
después. Todo eso son cortinas de humo para que no nos fijemos en lo que
realmente importa. En la maldad que supone dejar a los niños a merced de los
estatólatras de turno, que no se preocupan en absoluto por su bienestar, ni por
su educación, ni por su desarrollo personal, ni mucho menos por su futura vida
laboral. En la maldad de un sistema rígido que obliga a recluir a los niños en
centros de adoctrinamiento durante largas horas y largos años. En la perversión
de quienes intentan hacernos creer que lo hacen “por su propio bien”, que la
educación tal como ellos la entienden no sólo es necesaria sino que también es
buena.
Todos los días recibo emails de
familias desesperadas, que han vivido historias horribles en los colegios, y
todos los días tengo noticias de funcionarios y empleados públicos que
anteponen el cumplimiento de una ley injusta que obliga a escolarizar al
bienestar de los niños y las familias, a la consecución del verdadero objetivo
de la educación, que es la formación de personas moralmente sanas, libres y
felices.
Quienes aceptan que el Estado
tenga alguna legitimidad para determinar cómo se ha de educar a los niños, que
haya un Ministerio de Educación y una ley orgánica que regule la materia,
deberían al menos preguntarse si no les están tomando el pelo estos políticos
que, cada vez que llegan al banco azul de la cámara baja le meten mano a la ley
en cuestión para dejarla, casi siempre, peor de lo que estaba. Es la reflexión
mínima que habría que hacer. Y eso sólo para empezar.

3 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, son parches y parches que siguen cavando el desastre paliativo en lo que se ha convertido esto.

    Pero lo malo y como dices no es que el sistema sea malo sino que los mismos maestros y profesores (muchos de ellos), son complices de lo que está ocurriendo.

    No se si conocéis el Plan de Calidad de la Junta de Andalucía, pero investigar y veréis lo perverso del plan en si mismo, y lo malo es que muchos maestros y un poco menos de profesores lo han firmado.

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
X