Educación española, autoengaño colectivo

Educación española, autoengaño colectivo

05/11/2011

La educación va mal en España. Cada vez que sale un nuevo informe Pisa, bajamos un poco más. Cada vez que en el informe Pisa se menciona a España, es para dar algún dato negativo. Somos el ejemplo perfecto de cómo no deben hacerse las cosas. Nadie en su sano juicio mandaría a sus hijos a estudiar a este país. Y, mientras tanto, de puertas adentro, el debate se centra en si hay que recortar gastos o aumentarlos y en si es bueno o malo aumentar en dos las horas lectivas semanales. Es como ponerle una tirita al que se está desangrando. O, peor, como medicar al muerto. La Ley Orgánica de Educación establece en su Preámbulo tres objetivos de los cuales ninguno se ha cumplido en los cinco años que la norma lleva en vigor. Es más, no sólo no se han cumplido sino que se ha avanzado en …

La educación va mal en España.
Cada vez que sale un nuevo informe Pisa, bajamos un poco más. Cada vez que en
el informe Pisa se menciona a España, es para dar algún dato negativo. Somos el
ejemplo perfecto de cómo no deben hacerse las cosas. Nadie en su sano juicio
mandaría a sus hijos a estudiar a este país.
Y, mientras tanto, de puertas
adentro, el debate se centra en si hay que recortar gastos o aumentarlos y en
si es bueno o malo aumentar en dos las horas lectivas semanales. Es como
ponerle una tirita al que se está desangrando. O, peor, como medicar al muerto.
La Ley Orgánica de Educación
establece en su Preámbulo tres objetivos de los cuales ninguno se ha cumplido
en los cinco años que la norma lleva en vigor. Es más, no sólo no se han
cumplido sino que se ha avanzado en la dirección contraria. El primer objetivo
consistía en mejorar los resultados académicos y reducir la tasa de abandono
escolar.
Para conseguir lo segundo, se tomaron medidas que impedían conseguir
lo primero. Para evitar el abandono, se ha promocionado a alumnos que,
claramente, no tenían el nivel suficiente para pasar de curso, pero se les ha
permitido con la idea de que, así, se reduciría el abandono escolar. La
realidad es que no se ha conseguido ni lo uno ni lo otro.
En el año 2007, la entonces
Ministra de Educación, Mercedes Cabrera, puso en marcha un programa para lamejora del éxito escolar y otro contra el abandono llamado “temprano”. La tasa
oficial del fracaso escolar (que mide el número de alumnos que abandonan sus
estudios antes de terminar la educación secundaria) era del 28,9% en el año
2002; unos dos millones de alumnos. Bajó al 28,5% en 2004 y había subido al
29,4% en 2007 (aunque en Baleares era del 40,5%). Dos años después de la
implantación de los programas de la Ministra Cabrera, había subido al 31,2%
(las Comunidades Autónomas que lo lideraban eran Baleares, Andalucía, Murcia y
Ceuta y Melilla). En 2011, cuatro años después de la implantación de los
programas, la tasa oficial de fracaso escolar es del 28,4% (según datos
oficiales de septiembre de 2011). En conclusión, en los últimos cuatro años
hemos conseguido reducir el fracaso escolar hasta el nivel del año 2004.
O sea,
volvemos a rondar los dos millones de alumnos que abandonan. Todo por el módico
precio de 36,2 millones de euros
. Algo más de seis mil millones de pesetas.
Fíjense: 6.000.000.000 de pesetas.
Para que no me vuelvan a decir
que siempre critico al pesoe y nunca
al pepé, voy a recordarles la promesa
electoral de Mariano Rajoy
: “Yo le voy ameter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas y, aunque seacompetencia de las comunidades autónomas, a la sanidad y la educación”.
Éste todavía no se ha querido dar cuenta de la obviedad: que más gasto no es
garantía de mejores resultados. Que el problema de la educación no es un
problema de financiación.
Que el gobierno Zapatero ha tirado a la basura el
equivalente a seis mil millones de pesetas. ¿Va a emularlo?
Tampoco ayuda el que cada nuevo
gobierno se dedique a derogar las leyes de su antecesor y a publicar las suyas
propias. Hemos tenido seis leyes de educación en los últimos veinticinco años.
La última, la LOE del 2006, funde las antiguas LOGSE, LOPEG y LOCE y permite
pasar de curso con cuatro suspensos. Así, en teoría, se tenía que reducir el
número de alumnos que abandonaran el sistema educativo de forma “temprana”, es
decir, sin terminar la Secundaria. Pero ni así se ha conseguido. Quizás habría
que probar regalando el título sin evaluar los conocimientos de los alumnos. O
quizás va siendo hora de abrir los ojos y darse cuenta de que el sistema
educativo sí funciona, aunque no para lo que creíamos que debía funcionar.
El sistema educativo funciona, en primer lugar, porque es un parking de niños razonablemente
cómodo y aparentemente barato. En segundo lugar, porque cuánto más tiempo sea
uno “estudiante”, más tardará en contribuir al crecimiento de las colas del
INEM. Y, en tercer lugar, porque es una herramienta excelente para producir ciudadanos
dóciles. Ya lo decía el nacionalsocialista Adolf Hitler, que qué suerte tienen
los gobiernos de que la gente no piense.
Y, como sabía que adoctrinar a los
adultos sería harto difícil, centró sus esfuerzos en adoctrinar a los jóvenes.
Todavía no hemos aprendido la lección.

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