El inequívoco éxito del sistema escolar

El inequívoco éxito del sistema escolar

09/10/2013

Es sorprendente que los resultados del llamado informe PISA de adultos le sorprendan a alguien. Somos los últimos en matemáticas y los penúltimos en comprensión lectora, sólo superados por Italia. Nada nuevo bajo el sol, en realidad. Pero como el que no se consuela es porque no quiere, ya ha salido la derecha (si podemos seguir llamando “derecha” al partido de Rajoy) culpando a la izquierda, y la izquierda culpando a Franco. Porque en escurrir el bulto sí somos altamente competentes en España. Leer y calcular, no, pero pasarle la pelota a otros y lavarnos las manos, eso se nos da de maravilla. Y puestos a seguir consolándonos, una de las autoras del informe ha afirmado que el resultado no ha sido tan malo como se esperaba. Lo justifica diciendo que competíamos con los países mejor preparados del mundo, como si ser los peores de los 23 primeros sea alguna …

Es sorprendente que los
resultados del llamado informe PISA de adultos le sorprendan a alguien. Somos
los últimos en matemáticas y los penúltimos en comprensión lectora, sólo
superados por Italia. Nada nuevo bajo el sol, en realidad. Pero como el que no
se consuela es porque no quiere, ya ha salido la derecha (si podemos seguir
llamando “derecha” al partido de Rajoy) culpando a la izquierda, y la izquierda
culpando a Franco. Porque en escurrir el bulto sí somos altamente competentes
en España. Leer y calcular, no, pero pasarle la pelota a otros y lavarnos las
manos, eso se nos da de maravilla. Y puestos a seguir consolándonos, una de las
autoras del informe ha afirmado que el resultado no ha sido tan malo como se
esperaba. Lo justifica diciendo que competíamos con los países mejor preparados
del mundo, como si ser los peores de los 23 primeros sea alguna buena noticia.
Remata su argumentación con el dato de que en equidad sí superamos a la media: “La
igualdad de género es total, no existe desigualdad entre los jóvenes”. O sea,
que hombres y mujeres somos igual de ignorantes e igual de incompetentes lo
cual, al parecer, es algo bueno.
Leo en internet, sobre las
matemáticas: “Según el informe la gran mayoría de los españoles, que sólo alcanzan
el nivel dos, tienen dificultades para extraer información matemática de
situaciones reales, como comparar paquetes de ofertas turísticas; para resolver
problemas de varios pasos, como calcular el precio final de una compra o
calcular lo que puede costarnos una oferta de 3×2; y para interpretar
estadísticas, como puede ser valorar el gráfico que aparece en los recibos de
la luz.”
Y sobre la comprensión lectora: “pueden comprender textos sencillos,
pero les cuesta mucho extraer conclusiones de una lectura y se pierden en
un texto de cierta profundidad y riqueza, como puede ser cualquier novela más o
menos extensa.”
  Supongo que esto explica muchas cosas,
porque difícilmente vamos a poder gestionar un patrimonio o dirigir un negocio
con semejante nivel. No sabemos calcular cuánto nos costará una oferta de 3×2 y
no somos capaces de comprender una novela extensa pero podemos firmar hipotecas
y préstamos alegremente. Algunos incluso están sentados en el parlamento
redactando y aprobando leyes y presupuestos.
Como era de esperar, ya ha salido
quien pide más de lo mismo, más fuego para apagar el incendio: Más leyes, más
requisitos, más controles y más dinero. Es la demostración de que el sistema funciona perfectamente. Deberíamos hablar más sobre la relación del sistema
escolar con la economía. Deberíamos conocer mejor (y reflexionar sobre) el
origen de la escolarización obligatoria. Deberíamos preocuparnos por la
extensión artificial de la infancia y la adolescencia. Deberíamos analizar las
causas del exceso de diagnósticos psicológicos hechos a los niños. Pero,
básicamente, deberíamos hacer una sola cosa: dejar de mentir a los niños sobre
lo que importa en la vida y, sobre todo, dejar de creernos nuestra propia
mentira.
Subyace al sistema escolar
obligatorio la idea de que la gente es peligrosa para el orden social si
aprende a pensar y su imaginación permanece intacta con el paso de los años; la
idea de que no hay forma de curar el “gen de la desobediencia” en la gente que
piensa por si misma. Si Fichte levantara la cabeza se sentiría realmente
orgulloso de ver en qué se ha convertido Europa.
Hace algunos años se emitió en
televisión un concurso titulado “¿Sabes más que un niño de primaria?” en el que
los concursantes debían contestar preguntas del currículum oficial de educación
primaria. Normalmente los concursantes eran jóvenes menores de 40 años, con
titulación universitaria y en activo profesional. Normalmente, además, no
tenían ni idea de qué se les estaba preguntando, lo cual demuestra que lo que
supuestamente se enseña en la escuela sirve de bien poco en la vida real. Pero
casi nadie se cuestiona el currículum. Casi nadie se cuestiona la legitimidad
de los políticos para imponer su modelo escolar cuando ésta es la única
cuestión que importa: ¿quién tiene legitimidad para decidir qué cosas debe
aprender un niño y cuándo y cómo debe aprenderlas? Si ustedes siguen
respondiendo que el Estado es quien la tiene, entonces estarán poniendo de
manifiesto que mi tesis es cierta: el sistema escolar funciona de maravilla.

Porque lo cómodo es seguir
culpando al gobierno del color que no nos guste y volver a votar en las
siguientes elecciones. Lo fácil es culpar a tal o cual ley, a la supuestamente
insuficiente financiación o a cualquier otra minucia que poco tiene que ver con
la cuestión. Lo serio y deseable, aunque menos cómodo, sería investigar cuál es
el origen y el objetivo real del sistema, a cuestionarlo todo, a proponer
alternativas y empezar a cambiar lo que esté en nuestras manos. Quedarse en
casa esperando que alguien nos de una solución mágica (porque es nuestro “derecho”)
es un acto de suma irresponsabilidad. Que vivimos en la era de las
comunicaciones y la excusa de la falta de oportunidades ya no es creíble.

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