Física o Química

Física o Química

06/04/2012

En 2008, Carlos Montero creó una serie titulada “Física o Química” ambientada en un colegio privado de Madrid. Para que se hagan una idea del argumento, si no lo conocen, el resumen de la serie empieza así: “a comienzo de septiembre una joven de 26 años conoce a un chico a la salida de una discoteca. Él es bastante joven, 19 años, dice, pero, a pesar de la diferencia de edad, pronto surge una atracción y acaban acostándose. A los dos días, la joven empieza en su nuevo trabajo como profesora y allí descubre que el chico con el que se acostó es uno de sus alumnos… y que es menor de edad”.  “Física o Química” fue un gran éxito en España, si tenemos en cuenta que se grabaron y emitieron 7 temporadas. La cadena italiana Rai 4 decidió emitir la serie en su país pero, finalmente, ésta fue censurada …

En 2008, Carlos Montero creó una
serie titulada “Física o Química” ambientada en un colegio privado de Madrid.
Para que se hagan una idea del argumento, si no lo conocen, el resumen de la
serie empieza así: “a comienzo de septiembre una joven de 26 años conoce a un
chico a la salida de una discoteca. Él es bastante joven, 19 años, dice, pero,
a pesar de la diferencia de edad, pronto surge una atracción y acaban
acostándose. A los dos días, la joven empieza en su nuevo trabajo como
profesora y allí descubre que el chico con el que se acostó es uno de sus
alumnos… y que es menor de edad”
“Física o Química” fue un gran
éxito en España,
si tenemos en cuenta que se grabaron y emitieron 7 temporadas.
La cadena italiana Rai 4 decidió emitir la serie en su país pero, finalmente,
ésta fue censurada
después de que el periódico conservador Libero Quotidiano dedicara varios artículos a descalificar a la serie. “La esfera sexual se
hace pública hasta la náusea
“, escribió Francesco Borgonovo. “La
serie nace en la España de Zapatero y encarna sus ideales: libertad es igual a
ausencia de reglas
“. Al parecer, el director de la Rai llamó al periódico
y los insultó llamándolos “fascistas” por su intento de censura. Así que Carlo Freccero, el director de la cadena, fue suspendido de empleo y sueldo durante diez días por motivos disciplinarios por haber faltado Freccero a la obligación
de «corrección y buena fe» que le exige el reglamento disciplinario del ente
público, según informa ABC.
Dejando de lado el hecho de la
censura, que siempre es reprobable porque indica una actitud paternalista y una
absoluta falta de respeto hacia la libertad individual, aquí la cuestión de
fondo consiste en determinar por qué a tantos jóvenes (y no tan jóvenes) españoles
e italianos les ha enganchado esta serie.
Por qué les gusta ver una historia en
la que alumnos y profesores mantienen relaciones sexuales (y también
sentimentales) unos con otros, heterosexuales y homosexuales, en la que
determinadas actitudes y prácticas son revestidas de un carácter de absoluta
normalidad, en la que no existe el respeto a la autoridad del profesor (¿tal
vez porque ya no existe tal autoridad?) y a la que, en definitiva, subyace el
relativismo como código moral. ¿Les gusta porque refleja sus
propias vidas? ¿O les gusta, precisamente, porque muestra lo que sus vidas no
son y no serán?

El problema de la censura es que
quienes la promueven no se esfuerzan por responder a estas cuestiones. No saben
por qué la serie gusta a un sector de la población y desagrada profundamente a
otro. Tal vez tengan miedo de que las conductas reflejadas en la serie se
conviertan en modelos a seguir en la vida real. Pero, entonces (y he aquí uno
de los principales problemas de la censura), ¿por qué no censurar también las
películas de terror, en las que salen asesinatos, violaciones y todo tipo de
hechos crueles e inhumanos? Y, si lo que vemos en la tele es potencialmente un
modelo a seguir, ¿por qué no censurar también las películas de superhéroes? No
vaya a ser que algún telespectador crea que tiene superpoderes…
Cuando uno empieza a censurar
cosas (las que sean) inevitablemente se encontrará con el dilema de dónde poner
los límites a su propia censura. El afán por controlar las vidas de los demás
parece ser adictivo y siempre creciente. ¿Quieres reglas? Ponlas en tu vida,
pero no trates de imponérselas a los demás. Sería más justo y coherente dejar
que cada uno elija por sí mismo. Para eso se inventó el mando de la tele. Para
cambiar de canal –o apagarla- cuando pongan Física o Química o Sálvame. O para
subir el volumen.

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