Leer en voz alta, un acto de piratería

Leer en voz alta, un acto de piratería

31/03/2012

Hace cuatro años publiqué un artículo sobre los múltiples beneficios que tiene para los niños (y para nuestra relación con ellos) que les leamos en voz alta. “Leerles en voz alta les ayuda a desarrollar la percepción auditiva y la concentración; les ayuda a adquirir un vocabulario amplio que les facilitará el aprendizaje de la lectura independiente y del lenguaje en general: estructuras gramaticales, estilos lingüísticos, etc. Además, aprenden una gran variedad de cosas sobre el mundo que los rodea y captan ideas y conceptos que les harán pensar por si mismos. Esto, en niños mayores, estimula la capacidad de razonar y la expresión oral. A partir de lo que les leemos, surgirán debates, dudas y preguntas de todo tipo, de manera que adquirirán la habilidad de formular y expresar sus pensamientos. El hecho de oír (y, sobretodo, de escuchar) lo que les leemos sin ver los dibujos correspondientes es un gran estímulo para el …

Hace cuatro años publiqué un artículo sobre los múltiples beneficios que tiene para los niños (y para
nuestra relación con ellos) que les leamos en voz alta.

Leerles en voz alta les ayuda a
desarrollar la percepción auditiva y
la concentración; les ayuda a adquirir un vocabulario amplio que les facilitará el aprendizaje de la
lectura independiente y del lenguaje en general: estructuras gramaticales,
estilos lingüísticos, etc. Además, aprenden una gran variedad de cosas sobre el
mundo que los rodea y captan ideas y conceptos que les harán pensar por si
mismos. Esto, en niños mayores, estimula la capacidad de razonar y la expresión oral. A partir de lo que les
leemos, surgirán debates, dudas y preguntas de todo tipo, de manera que
adquirirán la habilidad de formular y expresar sus pensamientos. El hecho de
oír (y, sobretodo, de escuchar) lo que les leemos sin ver los dibujos
correspondientes es un gran estímulo para el desarrollo de la imaginación y la creatividad. En su mente, pondrán
imagen y color a lo que oyen y, quizás, cambiarán el final o incluso el
argumento, inventando de este modo sus primeras creaciones propias.”

En Bélgica, varias librerías
habían organizado sesiones de lectura en voz alta para niños. Los que leían lo
hacían de forma voluntaria, no cobraban por ello. Ustedes pensarán: “¡qué acto
de generosidad! ¡Qué maravilloso regalo para los niños, que les lean historias
en voz alta!” Pero Bélgica tiene su propia SGAE, allí llamada SABAM, y a la SABAM no se le ocurrió otra cosa mejor que considerar a la lectura en voz altaun acto de piratería que atenta contra los derechos de autor. Así que quisoimponer un canon de 250 euros anuales a las librerías que organizaran este tipode actividades.
Pero las librerías ya pagaron la
parte correspondiente a los derechos de autor cuando adquirieron el libro para
venderlo, entonces, ¿a santo de qué tienen que volver a pagar por leerlo? ¿Se
imaginan que tuviéramos que pagar cada vez que leemos un libro?
Los de la sgae belga parecían
estúpidos cuando pretendieron (como en España) impedir las descargas ilegales, primero, y los
intercambios de archivos, después. Perdieron ambas batallas, claro, porque no
puedes pretender ponerle freno al desarrollo de la tecnología y, con él, al de
la sociedad. Pero con la propuesta de establecer un canon a las librerías por
leer en voz alta han cruzado la línea que separa la estupidez de la maldad
.
Este canon no sólo supondría un perjuicio para los libreros y para los niños
sino que, sobre todo, supondría una profunda injusticia. En el siglo XXI, el
siglo de la sociedad de la información y la comunicación y de la mentalidad 2.0
(y, pronto, de la 3.0) los derechos de autor deben ser reformulados, no pueden
configurarse de la misma forma que hace un siglo.
Parece ser que a los autores
belgas (si es que la entidad denominada SABAM es realmente representativa de
este colectivo, cosa que dudo) no se les ha ocurrido pensar que las sesiones de
lectura a los niños tengan, muy probablemente, el efecto colateral de aumentar
las ventas de libros infantiles. Y no sólo de libros infantiles porque, una vez
que estás en la librería adquiriendo un libro para tu hijo, te costará poco
llevarte otro para ti. Y ello redunda, al final, en un beneficio para los
propios autores.

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