Hablemos de los malo del homeschooling – Carnaval de blogs

Hablemos de los malo del homeschooling – Carnaval de blogs

08/10/2014

Zinnia convocó el Carnaval de Blogs de Homeschooling, de lo cual me alegro enormemente. Hacía mucho tiempo que no teníamos uno. Además ha propuesto un tema interesantísimo: Hablemos de lo malo del homeschooling. Sé que no hablamos mucho de lo malo del homeschooling porque de eso ya hablan los que no lo hacen, especialmente los que no lo conocen, los que tienen prejuicios, los que pretenden imponer su visión del mundo a los demás. Por eso, creo, los que educamos en casa y además escribimos y hablamos sobre el tema, tendemos a destacar sólo lo positivo, que es mucho. Como dijo Silvia: «Una cosa es que pensemos que el homeschooling es bueno, y otra es que digamos que es fácil, o que carezca de dificultades y obstáculos. Pero el que tenga sus puntos débiles no lo hace malo. Nosotros vemos el homescholing como algo muy beneficioso, una bendición.» Hace unos días …

Además ha propuesto un tema interesantísimo: Hablemos de lo malo del homeschooling.

Sé que no hablamos mucho de lo malo del homeschooling porque de eso ya hablan los que no lo hacen, especialmente los que no lo conocen, los que tienen prejuicios, los que pretenden imponer su visión del mundo a los demás. Por eso, creo, los que educamos en casa y además escribimos y hablamos sobre el tema, tendemos a destacar sólo lo positivo, que es mucho. Como dijo Silvia: «Una cosa es que pensemos que el homeschooling es bueno, y otra es que digamos que es fácil, o que carezca de dificultades y obstáculos. Pero el que tenga sus puntos débiles no lo hace malo. Nosotros vemos el homescholing como algo muy beneficioso, una bendición.»
Hace unos días hice un vídeo improvisado sobre lo malo del homeschooling.

Si me pongo a pensarlo seriamente y honestamente, hay tantas cosas malas que no sabría por dónde empezar así que lo haré por orden cronológico.

1) La soledad. Eso me pasó al principio. Cuando vivía en un sitio donde casi no había homeschoolers. Cuando fui a un encuentro donde había unas 100 familias y me di cuenta de que no tenía nada en común con ninguna de ellas. Nada excepto el hecho de educar sin escuela. Así que durante un tiempo me sentí muy sola. Me relacionaba con gente escolarizada con la que me llevaba muy bien y tenía cosas en común pero con la que no podía hablar de homeschooling, porque no lo entendían. Si hablaba, tenía que hablar de lo bueno, «vender la moto» como se dice coloquialmente. Pero lo que yo necesitaba era hablar de todas mis dudas y todos mis miedos. Internet me salvó un poco de eso.
2) La incomprensión. Obviamente, va muy relacionada con la soledad. Yo me he sentido muy incomprendida tanto entre gente escolarizada como entre gente no escolarizada. Eso tal vez ha sido lo peor. Darme cuenta de que realmente no puede haber una tribu homeschooler porque siempre hay quien viene a decirte que lo que tú haces no es homeschooling, o que deberías hacer o dejar de hacer X cosas, o que tú sólo quieres lucrarte con el tema (ya me ven, escribo esto desde mi mansión de tres pisos del Caribe). Y fuera del colectivo, ni lo comento. He tenido que oír las estupideces más grandes que os podáis imaginar. (Insisto: no soy Amish, ni vegetariana, ni me creo superior a nadie).
3) La desescolarización interior. Sí, eso fue muy difícil y por eso me alegra poder ayudar a otras personas con mis cursos. Al principio me sentía muy mal si hacía ciertas cosas en horario escolar. Mi inercia escolar era mi peor enemigo; la vocecilla que decía «deberías…» o «no deberías…». Y chocarme con la pared que parecía ser mi hijo cada vez que yo había hecho unos planes maravillosos y él los tiraba por tierra. Aprender, como dice Sandra Dodd, a centrarme en la persona que mi hijo ES y no en la IDEA que yo tenía de quien debería ser.
4) La legalidad. Creo que ésta es la causa principal de que nunca hablemos de lo malo del homeschooling. Aquí no es legal. Aquí nos jugamos mucho. Aquí no podemos permitirnos el lujo de hablar de nuestros miedos. Cuando vengan los servicios sociales y nos digan: «pero no socializa». ¿Cómo vamos a decirles que, es cierto, a veces tenemos ese miedo, a veces nos cuesta sacar al niño de casa y hacer que se relacione con otros niños? ¿Cómo vamos a decirles que sí, que por culpa de que somos una minoría invisible a veces también pensamos si nos estaremos equivocando, si les estaremos privando de algo importante? No hablo por mi ahora, que lo tengo muy claro. Hablo por la que yo fui hace unos años y por la que mucha gente es ahora. Por toda esa gente que me escribe y me dice «gracias por poner palabras a lo que pienso y a lo que siento, a lo que no me atrevo a decirme ni a mi mismo».
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