La catedral de sal de Zipaquirá (Colombia)

La catedral de sal de Zipaquirá (Colombia)

17/07/2013

Camila tuvo el detalle de llevarnos a visitar la Catedral de Sal de Zipaquirá, en Cundinamarca. Nos acompañó Adelaida, una «pequeña» homeschooler en cuya casa nos alojamos durante algunos días. La verdad es que pensé que la visita sería medio aburrida para Damián y Adelaida, pero no sólo se lo pasaron bien sino que se mostraron muy interesados por todo lo que había por ver, por lo que explicaba el guía, por cómo se construyó, por cómo entrar y salir de allá, por cómo debió haber sido la vida de los mineros, etc. Foto de nuestro diario de viaje, donde guardamos las entradas y folletos de los lugares que visitamos. Para los que no la conocéis, os diré que el nombre de la «Catedral de Sal» no es literario sino literal: es una catedral construida en una mina de sal, a 200 metros bajo tierra y fue nominada a «nueva …

Camila tuvo el detalle de llevarnos a visitar la Catedral de Sal de Zipaquirá, en Cundinamarca. Nos acompañó Adelaida, una «pequeña» homeschooler en cuya casa nos alojamos durante algunos días. La verdad es que pensé que la visita sería medio aburrida para Damián y Adelaida, pero no sólo se lo pasaron bien sino que se mostraron muy interesados por todo lo que había por ver, por lo que explicaba el guía, por cómo se construyó, por cómo entrar y salir de allá, por cómo debió haber sido la vida de los mineros, etc.
Foto de nuestro diario de viaje,
donde guardamos las entradas y folletos de los lugares que visitamos.
Para los que no la conocéis, os diré que el nombre de la «Catedral de Sal» no es literario sino literal: es una catedral construida en una mina de sal, a 200 metros bajo tierra y fue nominada a «nueva maravilla del mundo». Al parecer en los años 30 del siglo pasado los mineros tallaron un pequeño santuario en la mina para pedir la protección de los santos cuando iban a trabajar. Algunos años más tarde se puso en marcha un proyecto mucho más grande para convertir el pequeño santuario en catedral. Pero la construcción definitiva, con algunas ampliaciones y reformas no fue hasta los años 90.
Nuestros tres minutos de sal

El recorrido de entrada es guiado; el personal ofrece explicaciones sobre el origen de este monumento y también da indicaciones sobre qué hacer y qué no hacer una vez dentro. Al llegar abajo se dispersan los grupos para que puedan ver las distintas partes con calma, disfrutar del espectáculo de luces y música y, obviamente, comprar algunos souvenirs o tomarse un delicioso café con unas pastas colombianas a 200 metros bajo tierra. Había unas esmeraldas preciosas, pero nosotros preferimos comprar tres minutos de sal.

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PS. Lo que tienen las mudanzas es que a veces se extravían cosas. En ésta última se han perdido todas las fotos del viaje a América, así que ilustraré estos posts como buenamente pueda mientras no aparezca el pen drive (dedos cruzados).


© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

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