La crianza incongruente

La crianza incongruente

16/08/2013

Es fácil, pero peligroso, confundir la estupidez con la maldad. Personas estúpidas las hay en todas partes y no es nada sorprendente: hay de todo en la viña del Señor. A veces pasan desapercibidas y normalmente es fácil evitar que te dañen. Pero las personas malvadas son harina de otro costal. A veces es difícil detectarlas porque suelen ser lobos que saben vestirse de corderos y muchas veces se limitan a ser la mano que mece la cuna. El top ten de las personas malvadas que he conocido las encontré en los dos lugares donde menos podía sospechar que estarían. Uno es una organización internacional de gran fama por su labor de ayuda humanitaria y servicios sociales. Al principio esto sorprende. Luego uno investiga un poco y se da cuenta de que la escoria humana habita perfectamente acomodada en este tipo de organizaciones. Ahora palabras como «solidaridad» o «filantropía», cuando …

Es fácil, pero peligroso, confundir la estupidez con la maldad. Personas estúpidas las hay en todas partes y no es nada sorprendente: hay de todo en la viña del Señor. A veces pasan desapercibidas y normalmente es fácil evitar que te dañen. Pero las personas malvadas son harina de otro costal. A veces es difícil detectarlas porque suelen ser lobos que saben vestirse de corderos y muchas veces se limitan a ser la mano que mece la cuna.

El top ten de las personas malvadas que he conocido las encontré en los dos lugares donde menos podía sospechar que estarían.

Uno es una organización internacional de gran fama por su labor de ayuda humanitaria y servicios sociales. Al principio esto sorprende. Luego uno investiga un poco y se da cuenta de que la escoria humana habita perfectamente acomodada en este tipo de organizaciones. Ahora palabras como «solidaridad» o «filantropía», cuando se refieren a entidades y no a individuos, hace que salte la alarma en mi cabeza.

El otro es aún más sorprendente si cabe: el entorno de la llamada «crianza respetuosa», pésima traducción del concepto de «attachment parenting», que está lleno de víboras, de gente ociosa que dedica más tiempo y energía a crear conflictos que a criar a sus hijos con el respeto que tanto les llena la boca. Hay dos tipos de maldad en el círculo de la crianza «respetuosa» (permítanme las comillas aquí): de un lado, quienes convierten esta maravillosa filosofía de vida en una negocio a costa de madres desesperadas, desorientadas y sobre todo, muy, muy solas. Las que son capaces de convencerte de que para ser una buena madre tienes que comprarles sus servicios, cosa que es mentira, y que a veces ni siquiera llegan a prestarte, o para los que no están cualificadas (y no me refiero únicamente a una cuestión de títulos, que aquí supongo que ya todos sabéis qué opino de los títulos). De otro lado, las que tienen mucho tiempo libre y muchas cuestiones personales sin resolver (y tal vez sin identificar siquiera) y que canalizan su frustración atacando a otras madres. Todo muy respetuoso y tal.

Si hay un valor que sea digno de admirar y, por tanto, deseable de poseer, ése es la congruencia. El que tiene una idea errónea y la aplica no es peor que el que dice tener una idea correcta y aplica justo la contraria. La madre que pega a su hijo o lo estivilliza porque está convencida de que es lo mejor que puede hacer me merece mucho más respeto que la madre que predica la crianza respetuosa y se dedica a portarse como una bruja con otras madres o con cualquier otra persona. En el primer caso, sólo veo una madre desinformada para quien aún hay esperanza. En el segundo caso, sólo veo incongruencia, hipocresía y un punto de hijoputismo muy peligroso.

Porque la gente malvada es tóxica. Esparcen su veneno muy eficientemente de modo que, para cuando quieres darte cuenta, ya han infectado todo el entorno. Son vampiros que te dejan sin energía, te ganan por agotamiento. A mi me pasó. Esta semana le ha pasado a otras dos grandes mujeres. Las que estáis en el mundillo ya sabéis a quiénes me refiero, pero no quiero entrar en detalles sino sólo hacer una reflexión en abstracto. Porque el patrón se repite en cualquier ámbito que os podáis imaginar. Así que manteneos en alerta, estad atentas y, en cuanto detectéis el patrón, hablad. Actuad. No dejéis que nadie os calle porque de lo contrario seréis cómplices. Recordad que la gente malvada no triunfa porque sea inteligente, sino porque la gente buena no hace nada. Enseñad esto a vuestros hijos, de palabra y también de obra, y habréis comenzado a construir un mundo mejor.

Lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada

© 2018 Laura Mascaró Rotger. Todos los derechos reservados.

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