Finanzas: Introducción.

Presentación del taller de Finanzas para padres. Descubre por qué es importante la educación financiera y cómo puedes educar a tus hijos aunque tú no sepas mucho sobre finanzas.

 

Bienvenido al taller de educación financiera para padres.

Si estás aquí posiblemente piensas que es importante dar educación financiera a los niños y que, lamentablemente, a ti no te la dieron. Es lo que suelen decirme los padres que vienen a mis talleres. Que qué pena. Que no quieren cometer el mismo error que sus padres, que no les educaron sobre el dinero y las finanzas. Por eso vienen a los talleres. Para educarse y aprender todo lo que necesitan para enseñar a sus hijos.

Por eso, lo primero que pregunto es:

¿quién recibió educación financiera cuando era pequeño?

Y ¿quién está dando educación financiera a sus hijos? Todos responden que no a las dos preguntas. Probablemente tú también responderías así. Piensas que no estás dando una educación financiera a tus hijos ¿verdad? Pues debo decirte que no estás en lo cierto. En realidad sí les estás dando educación financiera. Se la estás dando prácticamente desde que nacieron. O, al menos, desde que empezaron a escucharte y a observarte. Les estás dando la misma que recibiste tú: una que no se ve, pero está. Una que no es consciente, ni expresa, pero es constante.

Existe una curiosa paradoja respecto de las finanzas en las familias: son un tabú. No se habla del tema. Los niños no saben cuánto cobran sus padres, ni cuánto pagan de luz o de alquiler, ni si llegan o no a fin de mes, si ahorran o si invierten, ni cómo toman sus decisiones relacionadas con las finanzas. Algunos ni siquiera saben cómo ganan dinero sus padres (creen que, simplemente, lo sacan de la cartera o del cajero automático), ni que hay que pagar para tener una casa o para tener luz y conexión a internet. No se habla por inseguridad o por protegerles, porque no son “cosas de niños”.

 

Y sin embargo hablamos -y mucho- de lo que creemos -casi siempre erróneamente- sobre el dinero. Decimos cosas como que “es mejor ser pobre pero honrado” o que el dinero “sólo trae problemas” y que “es muy difícil de ganar”; y cuando el niño nos pide que le compremos algo le decimos que no, que no tenemos dinero o que es demasiado caro. O a veces le decimos que sí y otras veces le decimos que no, de modo que el niño nunca sabe a qué atenerse.

 

Así  que los niños crecen con la idea de que de dinero no se habla y, sin embargo, ven lo que hacemos, escuchan lo que decimos y perciben lo que sentimos. Con ello, les transmitimos nuestras creencias, a menudo erróneas y limitantes, y fomentamos que acaben adquiriendo nuestros mismo hábitos, generalmente nefastos.

 

Ésa es la “educación financiera” que les damos. Probablemente la misma que recibimos nosotros de nuestros padres, aderezada con nuestra experiencia directa y con las creencias colectivas de la época en que vivimos.

Por lo tanto, el paso previo a educar activamente y de manera consciente a tus hijos es educarte a ti mismo primero. Muchas personas se sorprenden de que mis talleres no sean una recopilación de técnicas para aplicar directamente con los niños.

Los participantes suelen venir con preguntas como éstas:

– ¿Debo darle paga al niño?
-¿Qué cantidad es la correcta o aceptable?
-¿Cómo lo hago para que deje de pedir que le compre cosas?
-Si le doy paga ¿qué porcentaje debo obligarle a ahorrar?
-¿A qué edad conviene abrirle una cuenta en el banco?
-¿Qué le digo cuando me pregunte cuánto dinero gano?
-¿Qué puedo hacer para que valore más las cosas que no cuestan dinero?

 

Yo tengo respuestas para todas esas preguntas. Pero son respuestas para mi familia, para mis hijos, no para las familias de los demás. A esas respuestas debe llegar cada padre por si mismo, después de haberse educado sobre el tema. De poco serviría (y de nada bueno, seguro) que yo diera herramientas para usar con los niños sin antes asegurarme de que quienes las van a usar -los padres- tienen el conocimiento necesario, la mentalidad adecuadas y el firme compromiso de ponerlo en práctica para servir de ejemplo y dar una educación coherente a los niños.

 

Pero a nuestra edad, objetan algunos, ¿cómo vamos a educarnos?

 

Hay mucho que desaprender y supone un reto importante desmontar todo el sistema de creencias que hemos mantenido durante toda la vida y que ha condicionado nuestros hábitos financieros.

 

En este taller vamos a centrarnos en 3 vías de aprendizaje:

 

1) El modelajeEs el modelo que ofreces a tus hijos, el ejemplo que les das. Ellos observan y deducen. Ven, por ejemplo, que cuando mamá necesita dinero se lo tiene que pedir a papá y desarrollan la creencia de que las mujeres no tienen dinero. Esta idea puede afectar a sus relaciones cuando crezcan. Tu hija puede iniciar una relación con un hombre y dar por hecho que él va a ocuparse de conseguir y gestionar el dinero. Tu hijo puede iniciar una relación con una mujer y dar por hecho que ella no debe tener su propio dinero.

 

2)  El lenguaje. Tan importante es lo que decimos como lo que no decimos. Cuando los padres rehuyen hablar de un tema, los niños comprenden que hay algo malo, peligroso o indeseable sobre esa cuestión. Pero, en realidad, hablamos -y mucho- de dinero y finanzas. ¿Quién no ha murmurado alguna vez, viendo las noticias en televisión “maldito dinero que todo lo pudre”? ¿Quién no ha dicho aquello de “mejor ser pobre pero honrado” (como si la riqueza y la honradez fueran mutuamente excluyentes)? ¿Quién no ha dicho alguna vez «ojalá me toque la lotería»? Todas esas ideas las van absorbiendo los niños cada vez que nos oyen hablar, precisamente, de aquello de lo que no se habla.

 

3) La formación. Por supuesto, la formación y la información son fundamentales en cualquier aprendizaje. Todos manejamos dinero; todos tomamos decisiones que afectan a nuestras finanzas. El conocimiento nos permite, entre otras cosas, cambiar nuestras creencias que, a su vez, determinan nuestros hábitos. Es imprescindible saber qué es el dinero y cómo funciona, saber qué es la riqueza y cómo se genera, saber por qué es importante el ahorro, conocer las múltiples opciones que existen para gestionar un patrimonio, entender cómo nos afectan las decisiones políticas.

 

Éstas son las vías de entrada de información que configuraron tu relación con el dinero, el ahorro, el trabajo y el consumo. Probablemente el lenguaje y el modelaje te transmitieron la idea de que el dinero es algo sucio, que trae más problemas que bendiciones. Algo de lo que no se habla. O sea habla, pero mal. Algo que en secreto todos anhelamos pero que creemos, porque así no s lo hicieron creer, que para conseguirlo hay que traicionar los propios principios, manipular y engañar a otras personas, aprovecharnos de los demás o sacrificar otras cosas más importantes. Eso, o tener un golpe de suerte y que nos toque el Gordo de Navidad o una jugosa herencia de una tía abuela desconocida.

 

 

De ti depende empezar a cambiar esas ideas y a actuar en consecuencia. De ti depende que tus hijos tengan un modelaje digno (por cómo actúas), que el aprendizaje verbal sea claro y sincero (por lo que dices y cómo lo dices) y que la formación sea correcta (porque les des información veraz). Y, sobre todo, de ti depende que alcances o no la congruencia.
Ahora que ya sabes que sí estás dando educación financiera a tus hijos,

 

¿qué vas a hacer al respecto?

 

 

Te invito a que leas este curso que he preparado con ilusión para compartir todo lo que aprendí  y viví cuando mi hijo mayor cumplió dos años y decidí que era el momento de empezar a romper la perpetuación de los mitos y falacias sobre las finanzas.

 

Nuestro objetivo será lograr vivir con serenidad financiera y, para ello, necesitamos saber:

 

-> qué es (y qué no es) el dinero
-> cómo generar riqueza y por qué es importante el ahorro
-> qué habilidades debemos desarrollar y enseñar a los niños
-> cómo gestionar nuestros recursos de manera eficiente para lograr nuestros objetivos

-> cómo llevar a la práctica el conocimiento que iremos adquiriendo a lo largo de toda la vida. Uno nunca debe parar de aprender. Pero de poco sirve el aprendizaje si no hay ejecución. 

CÓMO FUNCIONA EL TALLER

 

Este curso consta de 7 módulos. Cada uno incluye un artículo explicativo y, en algunos de ellos, se incluyen actividades (para ti o para tus hijos) y materiales complementarios de otros autores (en texto o en vídeo).

Si no dispones de mucho tiempo o no te apetece leer todo el curso, tienes la opción de ver esta masterclass en la que resumo todo el contenido (Módulo VII del taller. Puedes acceder desde el índice).


Si tienes cualquier duda o dificultad, si quieres hacerme un comentario o sugerencia, si terminas el taller y aplicas lo que aquí expongo y quieres compartir tu testimonio, escríbeme a info@lauramascaro.com

 

 

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